Un registro emocional puede comenzar con tres datos: qué sientes, cuándo apareció y qué estaba ocurriendo. No hace falta explicar todo de inmediato.
Con el tiempo, revisa tus notas para encontrar patrones. Tal vez ciertas actividades te dan calma o algunas situaciones te dejan sin energía. Usa esa información para conocerte, sin convertir cada emoción en un problema que debas resolver.
Todas las emociones merecen espacio. Si una situación te resulta difícil de manejar, buscar apoyo de alguien de confianza o de un profesional también es una forma de cuidarte.